lunes, marzo 2, 2026
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Yarabi: Entre el reflector y la sombra. El caso del Herbario

MORELIA, MICH.- La gestión de la doctora Yarabí Ávila González al frente de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo se ha caracterizado por una apuesta clara por obras de alto impacto visual y mediático. Infraestructura deportiva, rehabilitación de espacios emblemáticos y eventos multitudinarios han marcado la narrativa pública de su administración, muchos de los cuales han generado entre los nicolaitas la pregunta de si eran prioritarios frente a necesidades más básicas de la propia institución.

Las inauguraciones, los actos protocolarios y las actividades con amplia cobertura institucional han sido constantes. Fotografías, discursos y presencia en redes sociales acompañan cada entrega. La imagen de modernización y dinamismo se ha convertido en uno de los sellos de la rectoría.

Uno de los ejemplos más comentados fue la ceremonia de entrega de Doctorados Honoris Causa realizada a finales del año pasado, donde se desplegó una alfombra roja al estilo Hollywood y se organizaron convivios exclusivos que no estuvieron abiertos a toda la comunidad universitaria.

El evento fue interpretado por algunos sectores como un acto de autopromoción, particularmente por el perfil de una de las personas condecoradas, la madre de la presidenta de la república.

Sin embargo, mientras los reflectores iluminan proyectos visibles y simbólicos, existen áreas de la universidad donde el brillo no alcanza con la misma intensidad. 

Facultades periféricas, unidades académicas fuera de la capital y espacios con necesidades estructurales menos fotogénicas reportan carencias que no siempre ocupan el centro del discurso institucional.

Alberca olímpica, lago artificial, difusión constante de la imagen institucional en espectaculares, áreas infantiles dentro de Ciudad Universitaria, asientos nuevos en un estadio que rara vez luce lleno; estas son algunas de las acciones emprendidas por la rectoría y que han provocado cuestionamientos sobre su pertinencia frente a necesidades académicas más urgentes dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Mientras tanto, hay laboratorios que requieren equipamiento, aulas que demandan mantenimiento constante y comunidades académicas que señalan que el desarrollo universitario no debería medirse únicamente por las obras que se inauguran, sino también por los espacios que se sostienen día a día.

En este contexto, resulta particularmente llamativo el estado del herbario de la Facultad de Biología, ubicado junto a la ENES de la UNAM y otras instituciones educativas ajenas a la UMSNH. El jardín botánico luce desolado y, según testimonios de estudiantes, incluso inseguro por la falta de presencia institucional constante.

Las fotografías que han circulado muestran basura dispersa, envolturas y envases abandonados. El techo de la biblioteca del área, según versiones de alumnos y docentes, presenta daños visibles. El contraste es inevitable: mientras algunos espacios concentran inversión y difusión, otros parecen quedar fuera del radar administrativo.

Para diversos universitarios, el problema no es la realización de obras visibles, sino la desigualdad en la atención. Se preguntan cuántas instalaciones más podrían encontrarse en condiciones similares sin recibir intervención oportuna.

En toda administración pública existe una tensión entre la obra que se muestra y la gestión que se ejecuta en silencio. El desafío para la Universidad Michoacana no es únicamente construir infraestructura que proyecte modernidad, sino garantizar que el fortalecimiento institucional alcance de manera equitativa a todos sus rincones.

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